Hace dos días me di cuenta que una persona puede llegar a ser muy idiota. Y para ponerle la estrella al árbol de navidad, ayer ocurrieron una serie de eventos desafortunados.
He sido mas de una vez, la persona que dice: "si te vas por ese camino, te vas a estrellar contra el muro", o: "te mereces algo mejor, y lo sabes", incluso en asuntos superficiales como: "ese vestido rojo no te favorece"; y muchos me han escuchado. Pero, ¿qué pasa cuando tus amigos hacen caso omiso a tus palabras? Ya sé que debo dejar que las personas se den cuenta de sus propios errores, porque nadie ve por ojos ajenos.
Voy a contarles una historia que quizá hayan escuchado. El hecho de que el tipo que te gusta parezca un Ken con pinta de salvavidas californiano y tenga una sonrisa más deslumbrante que la de Obama, no quiere decir que sea el mejor candidato para ti. ¿Por qué? Porque en tu caso, simplemente no te quiere. Y sólo está contigo por algo que es muy obvio. Me duele decírtelo, pero es la verdad.
Entonces le dices a tu querida amiga que es una pesimista, exagerada, amargada, que piensa eso porque no le cae bien tu novio y porque desde el momento que se lo contaste tuvo un mal presentimiento, y te puso la peor de sus caras. Y aún así te dijo: espero que les vaya muy bien.
Pero los vecos como él son tan comunes, que la historia es demasiado predecible: chica tonta se enamora de chico listo, chico listo la usa, chica tonta queda destrozada. Te lo dicen, te lo explican con manzanitas y tú lanzas miradas de desconfianza, le dices a tu querida druga que es una mala amiga, que en vez de alegrarse por ti lo que hace es darte advertencias absurdas que no tienen nada que ver con tu precioso salvavidas californiano, y encima tienes el cinismo de decirle: ¿no será que a ti te gusta, y por eso me dices esas cosas?
El rasdrás se me sube, y me muerdo la lengua tan fuerte que me sale sangre, para no decirte que eres la pendeja más grande que ha existido en la historia de la humanidad; y no te lo digo para no herirte. No, druguita, a mí el ridículo ese no me gusta, y además me da náuseas, porque es un asqueroso manipulador que se divierte usando a todas las forellas que conoce.
Y por supuesto, tenías que llegar al punto de que no te pudieras poner el sombrero porque los cachos que tienes en la frente no te dejan. Al punto de que quedaste como otra más. Y ahí es cuando vienen los llantos, el sufrimiento, los chocolates y el helado... y todo lo que conlleva al arrepentimiento. Y después me llamas por teléfono para decirme que quieres hablar conmigo. Entonces nos encontramos y tu comienzas a llorar y llorar y llorar y a decir un montón de cosas que no se te entienden, pero que ya me voy imaginando.
Ayer ocurrieron una serie de eventos que hicieron que me diera cuenta de que hay que dejar que las personas aprendan de sus propios errores.